Conteniendo el enfado
Mientras Richard seguía obsequiando a la sala con sus embellecidas historias, me tragué en silencio mi creciente irritación. Trataban este lugar como si fuera su paraíso personal, ignorando por completo la verdad que pronto pondría su mundo patas arriba. Espera, me recordé. Ya llegará tu turno. Permanecí en silencio, escuchando pacientemente, mientras imaginaba las expresiones de asombro que seguirían a mi revelación. A cada minuto que pasaba, mi expectación crecía, ansiosa, casi eléctrica, mientras me preparaba para destrozar su fantasía cuidadosamente elaborada.

Conteniendo el enfado
La burla juguetona de Lisa
Lisa se coló en la conversación en el momento perfecto, lanzándome una mirada socarrona. “¿No somos todos tan afortunados de haber sido invitados aquí? bromeó, añadiendo un guiño que sólo yo parecí captar. Su juguetón golpe dio en el blanco, haciéndose eco exactamente de lo que yo había estado pensando. Aunque siguió con la farsa de sus padres, no pudo resistirse a deslizar un poco de humor, nuestra pequeña broma interna. Aquella chispa de picardía me proporcionó un momento de alivio, y me sentí agradecida al saber que navegábamos juntas por aquella absurda representación.

La burla juguetona de Lisa

