La tranquila petición de Lisa
Lisa, siempre la voz de la razón, se adelantó con una súplica calmada y suave. “Mamá, papá, quizá sea hora de afrontar los hechos”, dijo suavemente, tratando de rebajar la creciente tensión. Sus palabras impulsaron a sus padres hacia la aceptación, animándoles a dejar atrás la negación y ver la verdad con claridad. La firme compostura de Lisa aportó un raro momento de calma en medio de la tormenta que se arremolinaba en la habitación, ofreciendo un esperanzador camino hacia delante a través del caos desatado.

La petición de calma de Lisa
Aclarar la verdad
La habitación hervía con una mezcla de emociones, pero mantuve la calma. “Vamos a explicarlo de forma sencilla, sin lugar a interpretaciones erróneas”, empecé, levantando las manos en un gesto tranquilizador. “Éste es el trato: esta casa es mía” Las palabras eran claras, firmes e innegables. Expuse los hechos con claridad, sin dejar lugar a dudas. Mi declaración se hizo pesada en el silencio que siguió, despojando por fin la ilusión y exponiendo la verdad para que todos la vieran.

Aclarar la verdad

