Petición incómoda en el exterior
Fuera, rodeado por el aire más fresco, Richard buscó a tientas las palabras adecuadas. “Mira, sobre la casa…”, empezó, con los ojos desorbitados, como si la frase perfecta pudiera aparecer de la nada. “¿Podríamos…? Quiero decir, ¿sería posible que siguiéramos utilizándola a veces?” La orgullosa fachada que antes lucía con tanta confianza ahora le parecía frágil, un fino velo que apenas se sostenía. Se aferraba a los restos de su dignidad, buscando desesperadamente algún asidero en el terreno alterado de nuestra relación.

Petición incómoda en el exterior
Control de daños de Margaret

Control de daños de Margaret

