La rutina de la realeza de Margarita
Margaret entró en la cocina como la realeza, asumiendo el mando con una presencia que rivalizaba con la de Richard. “¡Mantengamos las cosas en orden!”, chirriaba, claramente encantada con su autoproclamado papel. Las ollas repiqueteaban y las voces se alzaban, todo bajo su mirada aguda y aprobadora. Su inquebrantable confianza en la dirección del espectáculo añadía una capa más al absurdo que llenaba la casa, un espectáculo divertido y desconcertante a la vez para los que conocíamos la verdadera historia.

La rutina de la realeza de Margarita
La mirada incierta de James
James se quedó torpemente en el borde de la cocina, atrapado en el torbellino del caos orquestado por Richard y Margaret. Miró entre ellos, inseguro de su lugar en el espectáculo, con los dedos jugueteando distraídamente con una taza de café. Verle tambalearse en aquel incómodo limbo era como presenciar la quietud que precede a una tormenta. Aunque seguía sin darse cuenta, la verdad se acercaba rápidamente y, con ella, la claridad que aún no sabía que necesitaba.

La mirada incierta de James

