Incómoda partida de póquer
En la sala crepitaba la tensión mientras los amigos de póquer de Richard se removían inquietos en sus asientos, sus ojos parpadeaban entre él y yo, sintiendo que algo no iba bien. Finalmente, uno de ellos rompió el silencio con una risita nerviosa. “Eh, Richard, ¿tienes algo en mente?”, preguntó, esbozando una sonrisa para animar el ambiente. Richard le devolvió una sonrisa forzada, claramente perdido en sus propios pensamientos. El aire zumbaba con espinosa expectación, como si todos se prepararan para la inevitable tormenta que se avecinaba.

Incómoda partida de póquer
Las súplicas desesperadas de Margaret
La voz de Margaret atravesó el incómodo silencio, insistiendo en que debía de haber algún error. “Esto no puede estar bien, Mark”, dijo, con los ojos muy abiertos por la incredulidad. Recorrió la habitación en busca de aliados. “Richard, ¡seguro que hay algún malentendido!”, añadió, su confianza vacilaba. La vi esforzarse por recuperar el control, pero la verdad se mantenía firme e innegable, dejando poco espacio para la negación. Poco a poco, la realidad de la situación empezó a imponerse.

Las súplicas desesperadas de Margaret

